Taller Familias AMPA EL SOL




  • LOS NO, ¿qué hacer con ellos, cómo gestionarlos positivamente?

    Cuando usamos un no, ¿qué pretendemos con ello?   Cuando nos dan un no, ¿qué pretenden con ello?
    Educar y transmitir valores ( respeto, no consumo...)
    Enseñar normas
    Marcar límites
    Evitar un peligro
    A veces nada, tan sólo imponer nuestra autoridad,
    Marcar nuestra posición de poder, superioridad, rol de madres (reafirmarnos en ese rol)
      Imponer su voluntad
    Mostrar un desacuerdo
    Reafirmarse en su personalidad, crecer.
    Diferenciarse de nosotros ( adolescencia)
    Decirnos que quieren seguir con lo que les gusta en ese momento.
    Enseñarnos
    Buscar nuestro límite y si pueden, dominarnos.
    Hemos empezado por unas primeras reflexiones sobre la finalidad de los NO, y nos damos cuenta que fundamentalmente van en una sola dirección: hacia los niños/as, así los justificamos, pero dentro del flujo de la comunicación no son los únicos; en menor medida reflexionamos sobre los No de los niños/as hacia nosotros/as. No queremos pues reflexionar solamente sobre los que dirigimos a los niños o niñas, es mucho más rico pensar en ambos, pues tienen muchos elementos comunes como se puede observar en el cuadro de la lluvia de ideas que hicimos. Tendemos sin darnos cuenta a infravalorar sus NO, no se escucha y analiza su verdadero significado ¿qué me está queriendo decir con esta negativa? ¿Es lo mismo que yo interpreto, o me está queriendo decir algo diferente? Nos cuesta mucho ponernos en la situación del niño/a, pero eso sí, queremos que ellos se pongan rápidamente en nuestra situación y cedan a nuestras demandas. que se celebrará a final de mayo.

    Un ejercicio sencillo para entrenar esta escucha puede ser ante una situación de gestión de un NO por algo recurrente (negativa a recoger, a comer algo, a llegar a una hora a casa...) dejar que uno de la pareja actúe en esa situación y el otro observe, escuche, tomando distancia para analizar mejor que está pasando por la mente y las emociones del niño/a y luego lo contraste con la pareja, a ver si ambos han entendido lo mismo.

    Vemos que la mayoría de los NO tienen una intencionalidad, pero también utilizamos los no porque no, normalmente en situaciones de mayor pérdida de control; cuando estamos cansados, con estrés o aparecen miedos más o menos racionales, es en estos momentos cuando más hay que cuidar la gestión del NO, ya que en situaciones cómodas y relajadas estamos más abiertas al diálogo , la escucha , la negociación…Tenemos que entrenarnos para las situaciones adversas, esas que no hemos sabido todavía resolver y nos provocan más conflicto entres sus deseos, intereses y necesidades y los nuestros.

    Seguimos profundizando un poco más en el tema trabajando en dos grupos, para reflexionar en voz alta sobre estas cuestiones:

    ¿Qué tipos de no utilizo más habitualmente y para qué? Dar explicaciones, argumentos… ¿es efectivo?, ¿En qué casos y cuándo sobran? ¿Cuál es mejor momento para ello? ¿Cuál suele ser mi actitud -firme, negociadora, ambas? ¿En qué casos mantengo una y otra? Cuando le digo un No ¿cómo me siento ¿ cómo se siente?

    ¿Qué me puede estar queriendo decir cuando me da un no? ¿Lo escucho? ¿Desde qué lógica lo interpreto, la suya o la mía? ¿Cuál es mi actitud ante sus negativas? ¿Cómo me hace sentir y que hago con ese sentimiento?

    Estas son algunas de las reflexiones que surgieron y que estarán más o menos tintineando por nuestra cabeza un tiempo:
    Un NO con explicación es siempre más constructivo, pero a veces dar muchas explicaciones es una cantinela que no llega, el niño pliega la oreja ante un disco rayado que le suena siempre igual. La 'chapa' no educa, la reflexión sí. Aprendamos a hacer preguntas que le ayuden a reflexionar.

    Las explicaciones hay que intentar plantearlas desde la lógica de ellos, intentando sondear y analizar un problema, consiguiendo que sean los niños quienes lo verbalicen y busquen alternativas.

    Esos “NO, porque soy tu madre' puede recibir como respuesta 'NO, porque soy tu hijo”.

    No admitimos fácilmente el NO de nuestros hijos argumentado porque choca con lo que nosotras queremos.

    Se hacen mayores muy pronto y cuesta admitir que no sean niños, que empiezan a tener sus opiniones, intereses, diferentes a los nuestros.

    La edad da sabiduría pero puede que aún así tengamos razón los dos.

    Tenemos que dar derecho a los niños a equivocarse, y saber estar ahí para acompañarles después sin reproches.

    A veces duele mucho cómo dicen el NO por esa sensación de que nos faltan al respeto.

    El NO agresivo, con voz muy alta, gesto duro, el dedo señalando, es muy diferente a un NO firme pero sereno, éste se escucha mejor, e infunde seguridad y confianza.

    Hay que educarles a que un NO se encaja mejor con otro tono, sobre todo dándonos cuenta de nuestra manera de decir las cosas y de cómo ellos actúan según el patrón que ven.

    Cuando hay un NO enquistado y lleno de rabietas por parte del niño, es mejor no dar explicaciones en ese momento porque se produce un diálogo de sordos. Frases como 'Ahora no es el momento, ya hablaremos de este tema' ayudan a dejar el asunto para un rato después cuando ya se haya calmado la situación abordarlo, esto es preferible a caer en el automatismo de las explicaciones reiterativas que no se escuchan.

    Tenemos que intentar educar desde la empatía, aunque es difícil hacerlo con los de casa y nos resulta más fácil resolver situaciones ajenas donde no somos parte implicada.

    La necesidad de tener que dar la explicación parte del intento de empatizar. Aunque no todo se resuelve desde la empatía, ésta abre camino. La empatía requiere de un entrenamiento que implica tomar conciencia y marcar objetivos de cambio. Este proceso incluye analizar y observar nuestras conductas, poniendo objetivos que pueden evaluarse por todos los miembros del grupo familiar no sólo los padres.

    El mayor obstáculo de la educación es el cansancio, es recomendable verbalizar este sentimiento de cara a los niños para que entiendan que es una situación temporal.

    Está más aceptado socialmente que sean los padres quienes den una mala contestación y no los hijos. Conforme se llega a la adolescencia es más difícil rebatir los argumentos del tipo '¿Por qué a mis amigos sí les dejan y a mí no?', ya que es más frustrante recibir un no por parte del que lo recibe.

    Decir que NO a veces es muy necesario.

    En días malos, si creemos que nos hemos pasado en nuestra manera de enfocar un NO, es muy importante reconocerlo y disculparse.

    Educar no es difícil, ¡es agotador!

    Un ejercicio para entrenar este mes: gestionamos un no positivamente.

    Tomar conciencia este mes de una situación en la que no hayamos gestionando bien el no (bien por que fui muy autoritaria, poco negociadora, o por todo lo contrario, doy muchas explicaciones cuando a lo mejor tendría que haber dado menos), y con ello reflexionar otras formas posibles para haberlo gestionado.

    Para la próxima cita: LA ESCUCHA.
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Preocupados por nuestros hijos

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